El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
LA VERDADERA PROSPERIDAD
(Mensaje Radial)
 
«Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte» Proverbios 14.12.

La teología de la prosperidad enseña que todos los creyentes tienen que vivir siempre en salud y riqueza, nunca debe encontrarse en apuros o en necesidad. Si algún hijo del Rey está pasando necesidad el problema radica en que no le ha pedido al Rey lo que necesita.

La teología de la prosperidad es conocida como el Evangelio de Salud y Riqueza, el Movimiento de la Palabra de Fe, Súper Fe, Confesión Positiva, Dilo y Reclámalo.

La teología de la prosperidad culpabiliza y condena aquellos creyentes que no experimentan salud y riqueza afirmando que están bajo maldición.

La teología de la prosperidad expone que todo lo que tiene que hacer un cristiano es nombrar y reclamar todo lo que desee. Afirman que Dios está en la obligación de proveerles todo lo que piden. Esto equivale a decir que el creyente es el jefe y Dios es el siervo que les sirve.

Uno de los textos favoritos de la teología de la prosperidad es:

«Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.» (Marcos 11.24)

Pero cuando un texto es usado fuera de su contexto se torna en un pretexto y lo que es peor en un extravío doctrinal. A todas luces este texto usado fuera de su contexto está opuesto a lo que las Sagradas Escrituras enseñan.

La Biblia enseña que Dios ha revelado en las Sagradas Escrituras  lo que es su voluntad, ese es el marco y es la base de lo que Él está dispuesto a hacer por cada uno de nosotros, aunque también, en ciertas ocasiones, Dios permite que se nos ponga a prueba, pero es para nuestro crecimiento.

Los apóstoles de Jesucristo, que oyeron decir y enseñar Marcos 11.24 no nos dejan duda acerca de lo Jesús proclamó y enseñó.

El apóstol Juan aclara: «Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.» (1 Juan 5.14-15)

Nadie puede esperar de parte de Dios algo que esté fuera de su voluntad revelada, por más que la persona lo crea, lo proclame y lo reclame, Dios no obrará fuera de su voluntad revelada en Su Palabra.

El mismo Señor Jesucristo, ante la hora sombría de la Cruz, se exclamó en el huerto de Getsemaní diciendo: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» (Lucas 22.42)

La palabra prosperar viene acompañada con serias advertencias de parte de Dios. La prosperidad no es siempre sinónimo de bendición de Dios. Citemos algunas de tantas:


Los ladrones tienen prosperidad: «Prosperan las tiendas de los ladrones, Y los que provocan a Dios viven seguros, En cuyas manos él ha puesto cuanto tienen.» (Job 12.6)

El hombre que hace maldades también conoce la prosperidad: «Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.» (Salmos 37.7)

La prosperidad es efímera y engaña al que la posee haciéndole creer que ésta le seguirá después de la muerte: «No temas cuando se enriquece alguno, Cuando aumenta la gloria de su casa; Porque cuando muera no llevará nada, Ni descenderá tras él su gloria.» (Salmos 49.16-17)

Los impíos también son prosperados: «Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?» (Jeremías 12.1)

Los enemigos del pueblo de Dios son prosperados: «Sus enemigos han sido hechos príncipes, sus aborrecedores fueron prosperados, Porque Jehová la afligió por la multitud de sus rebeliones; Sus hijos fueron en cautividad delante del enemigo.» (Lamentaciones 1.5)

El anticristo también será prosperado: «Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana.» (Daniel 8.24-25)

Dios advierte solemnemente: « ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo.» (Proverbios 23.5)

La prosperidad pasa como nube: «Se han revuelto turbaciones sobre mí; Combatieron como viento mi honor, Y mi prosperidad pasó como nube.» (Job 30.15)

La prosperidad provoca falsa confianza: «Estruendos espantosos hay en sus oídos; En la prosperidad el asolador vendrá sobre él.» (Job 15.21)

« ¿Por qué viven los impíos, Y se envejecen, y aun crecen en riquezas? Su descendencia se robustece a su vista, Y sus renuevos están delante de sus ojos. Sus casas están a salvo de temor, Ni viene azote de Dios sobre ellos. Sus toros engendran, y no fallan; Paren sus vacas, y no malogran su cría. Salen sus pequeñuelos como manada, Y sus hijos andan saltando. Al son de tamboril y de cítara saltan, Y se regocijan al son de la flauta. Pasan sus días en prosperidad, Y en paz descienden al Seol. Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros, Porque no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él? He aquí que su bien no está en mano de ellos; El consejo de los impíos lejos esté de mí.» (Job 21.7-16)

E
l salmista Asaf era un ministro encargado de la alabanza en el templo, se puso a considerar la prosperidad de los impíos y a comparar las necesidades que como hijo de Dios y ministro se encontraba y estuvo a punto de descarriarse y perderse.

¿Qué fue lo que casi lo lleva a perderse?

«Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos.» (Salmos 73.3)

Su conflicto fue grande entre su fe y lo que veía:

«Porque no tienen congojas por su muerte, Pues su vigor está entero. No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres. Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia. Los ojos se les saltan de gordura; Logran con creces los antojos del corazón. Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; Hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra.» (Salmos 73.4-9)

No solo pensó en que algo estaba mal en cuanto a su fe sino que llegó a proclamar con sus labios su enojo:

«Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia; Pues he sido azotado todo el día, Y castigado todas las mañanas.» (Salmos 73.13-14)

Estaba mirando con ojos humanos, con la lógica del mundo, su mente se confundió, la conclusión a la que llegó fue sorprendente, siendo un ministro del Templo confesó:

Tomó la decisión de abrazar la prosperidad y abandonar la doctrina que había aprendido y que el mismo como ministro de Dios había enseñado a los hijos de Dios.

Pero sintió que estaba traicionando a Dios, que estaba traicionando la doctrina revelada por Dios, que estaba traicionando su propia conciencia y que estaba traicionando a los hijos de Dios que estaban bajo su ministerio:

«Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañaría. Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí,» (Salmos 73.15-16).

¡Qué bueno! Que su conciencia que había sido iluminada por la Palabra de Dios, no le dejaba actuar, no le dejaba tomar ese mal camino.

Pero su conflicto no se resolvió hasta tanto no llevó sus pensamientos a Dios. Cuando entró al santuario, a la presencia de Dios, todo cambió:

«Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos.» (Salmos 73.17)

Qué bueno! ¡Qué ejemplo! ¡Qué lección!  Cuando los pensamientos se turban y no hay entendimiento, hay que entrar al Santuario de Dios, no al santuario de las grandezas humanas, no al santuario de las doctrinas a la moda, sino al santuario donde Dios y su Palabra presiden al pueblo, donde la Palabra de Dios sigue siendo la lámpara encendida y la única autoridad que ilumina la senda y la vida.

Asaf reconoció lo equivocado que estaba y el peligro que corrió:
«Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti.» (Salmos 73.22)

Jeremías habló de que cuando se lleguen a las encrucijadas de la vida, hay que preguntar por las Sendas antiguas que no por ser antiguas han dejado de ser actuales:

«Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.» (Jeremías 6.16)

 En el libro de los proverbios hay una advertencia solemne:

«Porque el desvío de los ignorantes los matará, Y la prosperidad de los necios los echará a perder;» (Proverbios 1.32)

«Piedra preciosa es el soborno para el que lo practica; Adondequiera que se vuelve, halla prosperidad.» (Proverbios 17.8)

La teología de la prosperidad es una fuente de ensordecimiento espiritual:
«Te he hablado en tus prosperidades, mas dijiste: No oiré. Este fue tu camino desde tu juventud, que nunca oíste mi voz.» (Jeremías 22.21)

La prosperidad fue reprendida por los profetas de Dios

«Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron.» (Jeremías 5.28)

Jesús advirtió que la vida del hombre no consiste en la abundancia de sus bienes:

«Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.» (Lucas 12.15)

El apóstol Pablo le recordaba a Timoteo que la verdadera prosperidad es aquella que se produce en el alma y en el espíritu y no en la billetera:

«Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.» (1 Timoteo 6.6-8)

Los apóstoles exhortaban y enseñaban a las creyentes a no caer en el desaliento cuando las circunstancias eran adversas porque Dios estaba pendiente de ellos en sus adversidades.

«Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;» (Hebreos 13.5)

Si estos vivían en prosperidad, entonces ¿Por qué les recuerda que estuvieran contentos con lo que tenían? ¿Por qué recordarles que Dios había prometido no desampararlos, ni de abandonarlos?

La respuesta está en la misma epístola a los Hebreos

«Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.» (Hebreos 10.34-36)

Los apóstoles enseñaban y formaban a los que eran llamados al ministerio a estar dispuestos a sufrir penalidades por amor a Cristo.

«Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto;» (1 Pedro 5.2)

«Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.» (2 Timoteo 2.3)

La palabra penalidades en griego = kakopadséo; significa = atravesar adversidad:—aflicción, afligir, (sufrir) penalidad, soportar (aflicciones)

Pablo no le enseñó a Timoteo ni a ningún obrero del Señor que el ministerio era una fuente de enriquecimiento, porque él mismo no vivía en esa condición

Pablo nunca enseñó la doctrina de la prosperidad:

«Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.» (Filipenses 4.12)

En muchas ocasiones tuvo que trabajar de su oficio para poder sufragar sus gastos ministeriales:

«Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.» (Hechos de los Apóstoles 18.1-4)

El mismo apóstol Pablo cuando enfilaba la recta final de su vida y ministerio se reunió con todos los pastores y obreros del Asía Menor y les recordó cual fue su conducta y enseñanza durante todo su ministerio:

«Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.» (Hechos de los Apóstoles 20.33-35)

Los apóstoles advirtieron a la iglesia de cuidarse del materialismo

«Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;» (1 Timoteo 6.9)

¿De quién lo aprendieron? del mismo Hijo de Dios que les enseñó estos principios:

«No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.» (Mateo 6.19-20)

«Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. » (Mateo 6.21)

«Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.» (Mateo 6.24)

Cuando leemos:

«Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.» (Lucas 9.58)

Llegamos a la conclusión que el mismo Señor Jesucristo no vivió, ni enseñó la doctrina de la prosperidad

Pablo ponía al Señor Jesucristo como el ejemplo supremo de no vivir atado por los deseos de enriquecerse:

«Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.» (2 Corintios 8.9)

El enriquecimiento del que habla no es el económico sino el de la Salvación del alma.

La iglesia de Laodicea era una iglesia que promovía y exaltaba la prosperidad.

• Laodicea se torna en la iglesia que se daña y emponzoña su entorno
• (Apocalipsis 3.17)
• «Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

En el libro de los Proverbios la Palabra de Dios recoge una reflexión muy oportuna frente a la descabellada doctrina de la prosperidad:

«Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Mantenme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.» (Proverbios 30.8-9)

Pablo nos da un consejo y una amonestación acerca de los que enseñan otra cosa y que no se conforma a la revelación divina

«Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;» (1 Timoteo 6.3-9)
 
 
 
Su Pastor y amigo Alberto Ortega
 
 
 
 
 






©Copyright 2004 - 2012 Movimiento Misionero Mundial, Inc. All Rights Reserved 

Movimiento Misionero Mundial, Inc.
10210 North West 7th Avenue -
Miami, FL 33150
Phone: 1 (305) 757-6477

E-mail us:Tabernacle_Elim@comcast.net
 
facebook twitter youtube myspace